Periodo de adaptación a la alimentación del adulto
Se inicia a los 12 meses y finaliza a una edad variable: a los 2 ó 3 años, según el ritmo madurativo individual. Se caracteriza por ser la primera etapa de transición entre la fase de crecimiento acelerado, propia del lactante, y el periodo de crecimiento estable propia del preescolar y escolar, que se extiende desde los 3 años.
Es un periodo madurativo en el cual el niño realiza avances importantes en la adquisición de funciones psicomotoras (lenguaje, marcha y socialización), al tiempo que se enlentece el proceso de aumento de su masa corporal; sus funciones digestivas y metabólicas han alcanzado un grado de madurez suficiente para que la tolerancia a la alimentación variada se aproxime a la del niño mayor y del adulto.
No obstante, las necesidades energéticas y de determinados nutrientes aconsejan ajustar la dieta a sus particularidades fisiológicas y a las importantes variaciones en el gasto por actividad física, lo que obliga a no dar normas rígidas e individualizar la dieta, de acuerdo con el estilo de vida de la familia y de la propia constitución del niño.
Quizás, la característica más importante del niño a esta edad sea el descenso en la ingestión de alimentos en relación al tamaño corporal, sobre todo, si se compara con el lactante. Aparece una conducta alimenticia caracterizada por preferencias y aversiones hacia determinados alimentos que cambian continuamente, y que puede llevar a una dieta carente de algunos o bastantes nutrientes; es importante a esta edad preocuparse por la variedad y composición de los alimentos y no sólo de la cantidad.
En esta etapa, el niño va adquiriendo mayor interés por su ambiente, padres, hermanos...Quiere jugar con la comida para sentir su textura y trata de comer con las manos rechazando el trozo de alimento cuando se le ofrece con cuchara.
Este comportamiento puede convertirse en un motivo de ansiedad para la madre inexperta, acostumbrada al apetito voraz del bebé. Si la madre no recibe una buena orientación esto puede llegar a afectar a su relación emocional, lo que pudiera dar incluso origen, si no es resuelto, a trastornos más o menos graves de la conducta alimentaria posterior del niño.
La madre ha de comprender que los cambios en la aceptación de los alimentos y la necesidad de exploración forman parte del desarrollo normal del niño y que, por tanto, deben pasar por ello.
El niño en esta etapa está adquiriendo un mayor dominio motor sobre su cuerpo, coordinación de ojos, manos y boca (masticar, deglutir, usar los músculos de la boca...todo lo introduce en la boca).
La conclusión es que la comida introduce al niño, desde una etapa muy temprana, a establecer una relación primaria con los demás. Por tanto, es fundamental iniciar precozmente la educación nutricional. Ésta consiste en introducir con paciencia un tipo de dieta y habituar al niño a que la tome.
Adaptación a la alimentación del adulto .............. Nuevos alimentos al año de nacer
